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viernes, 26 de noviembre de 2010

Irreal.

Vuelve a sonreir, y después me aproxima lentamente sus labios.
Su preciosa sonrisa cada vez más cerca. Esas palabras, además... Aún más cerca... Cada vez más.
Cierro los ojos y ya no veo nada, ni con la mente, ni con el corazón. Otros días, otras épocas, el mar, los recuerdos. Nada más. Me lanzo por fin, salto y caigo entre sus brazos, y me pierdo. Entre culpa y perdón al mismo tiempo.
Yo, una niña arrastrada por un tonto y estúpido deseo.
 Y cuando menos te lo esperas, cuando crees que todo va en el sentido equivocado, que tu vida, programada en cada mínimo detalle está naufragando... de repente, sucede. Las manos se multiplicaban como un deseo imprevisto que se convierte en una historia de amor. Un beso divertido, con lengua; un beso que sabe a amor y a juego. Lleno de sabores buenos y de deseo y de mar abierto y de tantas cosas...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Sin piedad ni pena.

De pronto, sus labios estuvieron sobre los míos y disminuí la concentración, a consecuencia de lo cual perdí la sujeción que me permitía mantener el escudo alejado de mi; éste volvió de inmediato a su posición original como si se tratara de una goma elástica, protegiendo de nuevo mis pensamientos.
- ¿Puedes volver a hacerlo?
- Es muy difícil.
Aguardó con una expresión ávida.
- La más mínima distracción me impide aguantar.
- Me portaré bien  -prometió
Fruncí los labios y entorné los ojos, pero luego le sonreí. Apreté las mano sobre su cara una vez más y retiré el escudo de mi mente para dejarme ir de nuevo hasta los nítidos recuerdos de la primera noche de esta vida nueva, demorándome los detalles.
Reía sin aliento cuando la urgencia de su beso interrumpió otra vez mis esfuerzos.
- Maldita sea - refunfuñó mientras me besaba con ansia por debajo de la barbilla.
- Tenemos todo el tiempo del mundo para perfeccionarlo.
- Por siempre y para siempre jamás.
- Eso me suena a gloria.
Y entonces continuamos apurando con alegría esa pequeña pero perfecta fracción de nuestra eternidad.