Creo que ya me he acostumbrado a esto,
por eso me he hecho inmune y ya la felicidad me sabe como una cerveza caliente.
Como dice mi gran profesor de lengua,
¿para qué vamos a proponernos retos e ilusiones,
si al fin y al cabo todo por lo que deseamos se va al carajo? ¡Que grande!.
Se van teniendo las cosas más claras, uno por aquí, otro por allí...
beberse las calles, fumarse los tubos de escape, tirarse a los payasos en celo, ¿por qué no?,
soy una enamorada de la vida, tengo el cuerpo echo de cachitos de muñecas de trapo...
Y finalmente a estas circunstancias de la vida hacemos cuestiones absurdas.
-¿estás enamorado?
-¿amor?, ¿eso existe?
Esta noche, por lo que a mí
respecta, bien podría saltar
el mundo en mil pedazos.
Por qué no. Y nosotros con él.
Acabar. Echarle de una vez
-y para siempre- el telón
a este teatro, a esta absurda
comedia. Al menos, tendría
su razón de ser otra cerveza.
Por qué no. Karmelo Iribarren
