Ahora me metería en la cama, abrazada a ti, no al colchón que noche tras noche te remplaza, te miraría a los ojos y te diría todo aquello que he guardado, mientras cae la lluvia y se oyen truenos. No tengo remedio. Ningún golpe me hace bajar de la nube. Tus besos a otras son cuchillos en mi pecho pero después llegas con esa sonrisa ( que ni siquiera va dirigida a mi ) y desgarra todos los cuchillos poniendo parches para curar las heridas. Debo de admitir que ochenta y una noches después, mil novecientas cuarenta y cuatro horas y ciento dieciseis mil minutos, sigo aquí, locamente.
¿Ves ahora porque nunca quise decir "adiós"? Porque nunca quise arrepentirme y sé que, algún día, lo haría. Lo peor esque no puedo hacerlo, no puedo arrepentirme, porque yo no fui la que decidió acabar con los momentos juntos, por mi me hubiese pasado mil mañanas más besandote el carrillo derecho mientras te acariciaba la espalda y me mirabas, mil noches más acurrucada en tus brazos, notando tus suspiros en mi nuca.
¿Alguna conclusión?
Hay que perfumarse donde uno quiere que le besen...
No hay comentarios:
Publicar un comentario