MOLLIE. No sé lo que piensa el sargento, pero consigue hacerte desconfiar de todo el mundo. Te empiezas a hacer preguntas y enseguida te asaltan las dudas, y la persona a quien amas y crees conocer bien, de pronto te parece... un completo desconocido (A media voz.)
Es como en un mal sueño: te encuentras rodeada de amigos pero, al mirarles a la cara, no los reconoces y su lugar lo ocupan unos extraños..., extraños que fingen ser tus amigos. Tal vez no debamos confiar en nadie. ¡Tal vez nadie conozca de verdad a nadie! (Se cubre la cara con las manos)
(CHRISTOPHER se acerca a MOLLIE y le aparta las manos del rostro. GILES
entra entonces por la puerta del comedor y se detiene al verlos. MOLLIE se aparta y
CHRISTOPHER toma asiento en el sofá)
GILES. ¿Interrumpo algo?
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TROTTER. Se sorprendería, señora Ralston, si supiera cuántos casos como el suyo nos llegan. Sobre todo desde que acabé la guerra. Hogares destrozados y familias enteras aniquiladas. Te dicen que han estado en las fuerzas aéreas, o que acaban de terminar el servicio militar, que sus padres han muerto, o que no les queda ningún paciente...
La guerra parece haber borrado de un plumazo el pasado y los jóvenes se conocen y se casan sin más. Años atrás, padres y familiares se aseguraban bien antes de dar su consentimiento a un matrimonio. Pero todo eso ha pasado a la historia. Las chicas de ahora se casan sin pensárselo. A veces, transcurren uno o dos años antes de que ella descubra que su marido es un empleado de banca que ha hecho un desfalco, o que es un desertor, o cualquier otro asunto igual de turbio... ¿Cúanto duró su noviazgo con Giles Ralston?
MOLLIE. Sólo tres semanas...

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